Coñas del destino (ejejejejeje)

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Bueno, lo que me pasó anoche fue gracioso.

Parece que mi mp3 se olía algo de este día tan especial para los miembros del Yay team. Normalmente me pongo los cascos antes de dormir, imaginando con cada música la escena adecuada para cada proyecto (es un ejercicio que me gusta ^^). Anoche iba a seguir con mi rutina, pero... ¡estaba sin batería!
El cómo se quedó sin batería puede achacarse a que lo tengo bastante descuidado, lo cual no es ningún misterio. Lo curioso es que cuando consigo cargarlo un pongo y ponerlo, ¿cuál creeis que es la primera canción que me sale...?

La Oreja de Van Gogh - Escapar (Guapa)

De pronto tu,
y yo me siento a salvo.
De pronto yo,
y tu mirada se quita años.

De pronto aqui,
en vez de enfrente me siento a tu lado.
De pronto hoy,
ya celebramos el primer verano.

Al brindar por esta vez,
y por todas las que quedan.
Con las lagrimas que ayer
fueron mi condena.

Y escapar juntos de aqui,
juntos de la mano,
dando un salto y sentir,
la libertad y el valor de elegir
regalarte mi vida.

Y correr juntos al fin,
juntos de la mano,
solo deseo de ti
ser tu mitad en esto de vivir
el resto de mis dias.

De pronto tu,
y mi reloj vuelve a marcar el tiempo.
De pronto yo,
y tu tan guapo que no sabes verlo.

De pronto aqui,
y suena bien hasta nuestros silencios.
De pronto hoy,
ya nos reimos de aquel primer beso.

Al brindar por esta vez,
y por todas las que quedan.
Con las lagrimas que ayer
fueron mi condena.

Y escapar juntos de aqui,
juntos de la mano,
dando un salto y sentir,
la libertad y el valor de elegir
regalarte mi vida.

Y correr juntos al fin,
juntos de la mano,
solo deseo de ti
ser tu mitad en esto de vivir
el resto de mis dias.

Al brindar por esta vez,
y por todas las que quedan.
Con las lagrimas que ayer
fueron nuestra condena.

Y escapar juntos de aqui,
juntos de la mano,
dando un salto y sentir,
la libertad y el valor de elegir
regalarte mi vida.

Y besar cada despertar,
de todas tus maneras
que me quieras regalar.

Hacer de tu nombre
una de esas palabras
con ese valor
que es sentido.

Viviremos las sonrisas
que nos pedia el destino.


Ya os podéis imaginar, que con todo lo moña que estaba antes de escuchar la canción, después de esto estoy aún mucho más moña. >//<
Así que le dedico esta entrada a Jose, mi Jose, el hombre-pato dueño de mi corazón, mi alma gemela y vida, en este, nuestro aniversario. ^///^ Te quierooo!^///^

P.D.: No espero un comment vuestro (no te sientas aludido porque no va por ti, Andreu), ya que no os habeis dignado a comentar en el resto de entradas. ¡Pero como os atrevais a dejarlo aquí... mando a PyrAmy a por vosotros! ¡Alé! XD Saludos!

Fanfic Silent Hill: double psycho (Final "malo")

martes, 29 de diciembre de 2009


La moto se deslizaba bajo el tormentoso temporal durante horas. Se cruzaron con un par de coches que parecían huir de la tormenta, que en un santiamén tomó el cielo. El silencio entre Lucas y Amy era total, tenso, hasta que, cansada de ver el mismo paisaje de campo y con las dudas carcomiéndola, la chica decidió elevar la voz por encima del ruido del vehículo:

- ¿Lo sabías desde el principio, verdad? Que terminaría por irme contigo –aclaró.

Lucas, con la visera de su casco bajada, no respondió. Amy interpretó su silencio como un sí.

- Seguro que piensas que estoy loca. Yo también lo pienso –aunque no podía verla, Amy sonrió con tristeza –Despertarte una mañana en un hospital, sin acordarte de cómo llegaste allí; que te digan que tu hermano esta en coma en otra habitación, y así estará durante el resto de sus días. Y tener que rehacer tu vida en un lugar del que nada recuerdas, sin saber nada, para luego irme con el primer desconocido con moto que me sigue…

- ¿Estás segura de que soy un desconocido? –preguntó Lucas.

- Es una forma de hablar. Me llevas persiguiendo desde que puedo recordar –y sentía algo dentro de ella que le decía que se habían visto antes, pero prefirió callarse ese detalle -. Así que se puede decir que te conozco de toda la vida. Lo que no entiendo es cómo supiste qué era el momento. ¿Cómo sabias que iba a salir hace unas horas de mi casa con la intención de dirigirme…?

- ¿…A Silent Hill? –terminó él. Ella se aferró más fuerte a su cintura al tomar una curva más cerrada -. No lo supe. Te esperaba noche tras noche. A que despertaras.

- ¿Despertar de qué?

- ¿A que ya no oyes la voz? –Amy tragó saliva -. Ella también está ansiosa por llegar. Será el fin de todo esto.

- ¿El fin de qué, Lucas? Quizás esa voz no sea más que un producto de mí desequilibrada mente.

- Te equivocas, Amy. No es fruto de tu mente. Es tu auténtica personalidad –Lucas giró la cabeza, confiado en la solitaria carretera. Su casco brilló bajo la luz mortecina que consiguió colarse por un resquicio nuboso, y su cabeza adquirió el aspecto de una pirámide.

La imagen le provocó un duro impacto a la muchacha. Un trueno asomó a lo lejos, y otro dentro de su mente, rajando la cortina oscura que cubría sus recuerdos. Ya había visto antes ese casco. La perseguía, con una espada gigantesca en la mano y ropas manchadas de sangre. Incansable. Abominable. Sintió, como si estuviera produciéndose en la realidad, el tacto frío de su mano en un tobillo, agarrándola, arrastrándola. Llevándosela con él. No pudo reprimir un grito…

Volvió a la realidad de golpe y porrazo, y nunca mejor dicho. Lucas se había despistado durante demasiado tiempo, y no se había percatado del enorme camión que se acercaba a toda velocidad en sentido contrario. Quiso reaccionar, pero no lo consiguió a tiempo. La moto y los dos ocupantes salieron despedidos en varias direcciones. Amy no recibió el golpe directo, pero perdió el conocimiento cuando cayó entre unos arbustos, en un lado de la carretera.

Unos ladridos y unos gritos la despertaron. Le llegaban amortiguados, pero le llegaban. Sentía todo el cuerpo entumecido, y el dolor no tardó en presentarse a oleadas por todos y cada uno de sus huesos. Sintió un leve cosquilleo húmedo en su mejilla. Con algo de esfuerzo, consiguió abrir un ojo, y vio una bola de pelo negra de orejas puntiagudas pasándole el hocico por la cara, intentando despertarla. Intentó mover una mano, mas no consiguió mover ni una sola de sus extremidades. Entonces, le entró el pánico.

- Socorro… -trató de articular con mucho esfuerzo, saboreando su sangre -¡Socorro…!

La bola de pelo negra le ladró en la oreja. Los gritos se acercaban. Decían algo así como: “¡Está por allí! ¡La vi por allí tirada!”. Con el único ojo que podía abrir, buscó a los dueños de aquellas voces, pero la luz del sol le hacía daño. Antes de volver a cerrar los ojos, vio unas figuras a contraluz acercándose.

- ¡Es ella! ¡Está aquí! –avisó uno de los paramédicos a sus compañeros.

- ¡Se lo he dicho! Paré el coche un momento porque me llamaron por teléfono, y la encontré.

- No se preocupe, vuelva al coche. Nos encargaremos nosotros de llevarla al hospital –otro de los enfermeros, ataviado con un chaleco reflectante, le tomó el pulso. El perrillo, que seguía a su lado, le gruñó e intentó morderle en la mano -. ¡Eh! ¿Este perro es suyo, señor? –le preguntó al hombre que había encontrado el cuerpo de la chica.

- ¿Qué? ¡No! Estaba con ella cuando la encontré. Seguramente será suyo.

- Pues nos lo tendremos que llevar también en la ambulancia. ¿Está la camilla lista? ¡Esta chica necesita atención médica cuanto antes!

* * *

- ¡Lucas, ven! –el shiba, negro y blanco, corrió hacia su dueña. Pese a su corto tamaño, el animalito saltó extasiado de alegría y obligó a la chica a sentarse otra vez en la silla de ruedas -¡Pero no seas tan bestia!

Era una tarde perfecta: el cielo estaba limpio y el sol daba su calor con cariño. A Amy, después de permanecer durante mes y medio encerrada en las cuatro paredes de su habitación en el hospital mientras se recuperaba de un accidente del que no recordaba absolutamente nada, se le antojo el día más brillante de su vida, y tardó algunas horas en acostumbrarse a la luz. Sus extremidades volvían a funcionar, su cuerpo sanaría las cicatrices y el médico le había dicho que pronto podría deshacerse de aquella silla de ruedas. Todo eran buenas noticias.

Aunque su mente guardaría para si misma los recuerdos de lo que ocurrió. Nadie encontró jamás alguna evidencia en el tramo de carretera donde la encontraron de lo que le pasó, por lo que aquel episodio de su vida quedaría en el olvido. Tampoco nadie la había reclamado, ni a ella ni a su perro, por lo que tendría que empezar desde cero. No le importaba. Se sentía capaz. Afortunada. ¡Incluso la habían hecho entrevistas y había salido por la televisión por su milagrosa recuperación!

Además, no estaba sola. Miró al cachorro que jugueteaba en sus faldas, Lucas. No sabía cómo había llegado a ella, pero los médicos habían sido muy amables al permitirle quedarse a su lado. En cuanto a su nombre… Amy no sabía porque le había puesto ese concretamente, pero le resultaba familiar.

Bueno, también fue por cierto “accidente” con unas letras de juguete que trajo una enfermera… El animalito juntó con el hocico las letras que componían su nombre en el orden correcto. Curioso, ¿verdad?

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Pues nada, ahí tenéis el primer final (2) para el fanfic de Silent Hill. Es cortito, lo sé, pero es el final "malo". Gracias a los que habéis participado en la votación (Andreu y Kraric, el resto a ver si os poneis las pilas). El próximo, dentro de unos días. ¡Feliz año nuevo a tod@s! ^^

Fanfic Silent Hill: double psycho cap. 12

jueves, 24 de diciembre de 2009




Comprobó su aspecto diez veces antes de salir de casa. Se aseguró otras tantas de que la casa no correría peligro en su ausencia y de que dejaba la puerta bien cerrada. Y sus pies se movieron solos, recorriendo aquel camino que, año tras año, cada vez con menos esperanza y más falsa ilusión en la mirada, seguía. El cielo, azul y limpio, invitaba al paseo de niños y ancianos que compartían la calle con ella. Pero ella lo sentía impersonal. Se sabía conocedora de la verdad: del remolino de niebla y oscuridad que tras aquel azul se escondía y se tragaba a unos pocos, convirtiéndolos en desgraciados sin memoria ni personalidad, sufridores en vida de recuerdos que juegan escondiéndose de sus búsquedas.

Compró una flor a las puertas del hospital a una gitana decrépita que la persiguió hasta que las puertas automáticas se cerraron tras ella.

Un par de enfermeras la saludaron en los pasillos con practicadas sonrisas a las que ella respondió de forma automática. La rutina la había convertido en eso: diez años de rutina la habían vuelto autómata. Su vida antes de aquello era un lago de aguas oscuras e insondables que ahogaban cualquier imagen, cual quier sonido u olor.

Como tantas otras veces, se paró ante la puerta de la habitación 302. Se acicaló con la mano que le quedaba libre y esbozó aquella sonrisa que tanto había practicado a solas, ante el espejo. Abrió la puerta.

- ¡Buenos días, hermano! ¿Qué tal te encuentras hoy?

Dejó la flor junto a las otras, en un jarrón sobre la mesa de noche. Se sentó en una silla que acercó al lecho, donde un hombre de barba incipiente descansaba envuelto en mantas, cables, tubos y pitidos. Ella tomó su mano, quieta, fría. Como siempre.

- ¿Sabes lo que me pasó ayer en el trabajo, Alex?

Amy esperó un rato en el que sabía que nadie iba a responder. Pero ya no lloraba ante aquel silencio. Fingía escucharle en su cabeza. Igual que hacía con el resto de voces.

- Volvió a seguirme. Ese motorista, Lucas. Sigue tirándome los tejos. ¿No es increible? ¡No sé como decirle que no soy su “niña”! Debe de tener algún trauma con alguna ex…

Buscó algún cambio en la expresión tranquila y soñolienta de su hermano, pero seguía impasible, sumergido en un mundo blanco y desconocido. Aún así, continuó charlando con él, hablando sin parar, sobreponiendo su voz al resto que su cabeza producía. Hasta que llegó la hora de comer. Se despidió de él entonces y bajó a comer algo en el comedor del hospital.

Le gustaba comer allí. Había ruido, y donde había ruido, no oía voces. Comió centrándose en el ruido que producían sus dientes al masticar, su garganta al tragar, su estómago al digerir. Pero como ocurría siempre, la voz delató su presencia con un pequeño zumbido que fue creciendo a medida que pasaban las horas.

“Tenemos que volver. Habla con él”

“Quiero volver a mi casa”

“Tu eres yo. Esta es mi vida”.

Y así era día tras días, hora tras hora. Mientras trabajaba. Mientras leía. Mientras cenaba. Y cuando dormía, eran pesadillas: un hombre gigantesco la perseguía, con un extraño casco en forma de pirámide y una espada gigantesca que arrastraba provocando un escalofriante chirrido. Ella huía, pero sus piernas eran demasiado cortas, era demasiado pequeña y vulnerable. Llamaba a su hermano a gritos, pero de pronto, una niña se cruzaba en su camino. La sonreía y le señalaba un escondite. Una casa de madera en mitad de un pueblo o ciudad desolada. Entonces, Amy despertaba empapada en sudor y temblando, sin poder volver a conciliar el sueño hasta la noche siguiente, en la que todo se volvería a repetir.

Su vida, insípida y repetitiva la cansaba. ¡Claro que la cansaba! Sin embargo, no podía hacer otra cosa más que ganar dinero para que su hermano estuviera bien atendido en aquel hospital, visitarle día a día y sobrevivir. Eso último era la mayor razón de todas, y no sabía porqué. Sobrevivir.

Para sobrevivir, trabajaba en un McDonalds. Para sobrevivir, no caminaba por las calles, corría movida por un temor cuyo origen desconocía. Y un día si y otro no, a la hora del cierre, un motorista que la perseguía desde que podía recordar llamado Lucas la seguía hasta casa. Nunca la tocó. Nunca le hizo nada. Solo la seguía, y decía cosas incoherentes. Al principio, le daba miedo. Ahora solo la inquietaba, pero lo controlaba. Aquella noche también la siguió hasta casa, pidiéndole que la acompañase, que regresara junto a él. Amy ya no sabía como decirle las cosas, así que prefería no decirle nada.

Ya en su casa, a salvo, se preparó una cena rápida y se quedó viendo la tele hasta las tantas. El ronroneo del viejo televisor mitigaba las voces de su cabeza. Las voces dobladas de los anuncios las mantenían alejadas, y distraían su atención. Incluso se sabía algunos de memoria. Aquella noche, uno de esos anuncios era nuevo, y se centró en él movida por unas mariposas en su estómago que la instaba a ello. Como si fuera una señal.

“La enciclopedia de la historia de nuestros pueblos, la historia de nuestro país. ¡La mejor ayuda para tus estudios! ¡La mejor fuente de información histórica de todos los tiempos! ¡Por solo 149’95! ¡Llama ya! ¿No sabes que ocurrió en Silent Hill?...”

Silent Hill. Cuando el locutor lo nombró, una espita se encendió dentro de la cabeza de Amy, provocándole un fuerte dolor de cabeza que la hizo encogerse y gemir de dolor. Fue una punzada que le atravesó el cerebro, una fuerte llamada de atención. Y la voz, más fuerte y potente que nunca, inundó sus sentidos con un tono amenazador y urgente…

“VEN YA”

La cámara mostraba varios planos y puntos de vista del pueblo en cuestión: abandonado, sumido en una blanquecina niebla. Terminó mostrando una casa de madera casi derruida, con un emborronado letrero sobre la puerta. Había visto antes aquella casa, en sus pesadillas. Una y otra vez. La voz insistió:

“¡Tienes que venir!¡Recuerda quién eres!” Repetía una y otra vez.

Amy, dolorida y asustada, se levantó del sillón con la cabeza entre las manos, tapándose los oídos inútilmente. La voz seguía, le hacía daño. Huyendo de ella, y sin acordarse de que era una noche fría e iba en pijama salió a la calle.

Lucas la estaba esperando. La vio salir de su casa, llorando desesperada. Al verle, Amy paró en seco. El hombre estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada en su moto, en la acera de enfrente y con una sonrisa dirigida solo a ella, enmarcada por su corta melena rubia. Con solo verle, Amy supo que era el único que podía hacerle el favor. En los años que llevaba allí, no había conseguido conocer a nadie. No recordaba nada. Ni siquiera había contactado con sus padres, no recordaba quienes eran. Lucas, aquel hombre que la seguía siempre, era el único ser cercano a ella. Y en su estado desesperado, solo podía pedirle el favor a él. Las voces eran insoportables, la quemaban por dentro.

¿Querían ir a Silent Hill? Pues irían a Silent Hill.

- ¿Lista para partir, Amy? –preguntó Lucas acercándose y tendiéndole un casco oscuro.

No respondió con palabras. Cogió el casco de un manotazo, se lo puso lo más ajustado que pudo para tapar sus oídos, y se montó en la moto. El último pensamiento que tuvo antes de cometer aquella locura fue para su hermano, en coma desde hacia diez años y sin esperanza.

Lucas asintió, visiblemente orgulloso por la decisión de la chica. Subió a la moto también y comenzó el viaje…


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Lamento la espera. He terminado este capitulo hace nada, y posiblemente sea el de peor calidad. Para este capitulo tuve intención de titularlo: Interludio para un final. Y aquí se abre el cuestionario que quiero que respondáis. Ya que Silent Hill tiene varios finales, este fanfic no va a ser menos. Así que os doy 3 números (cada uno relacionado con un tipo de final que tengo pensado y que no diré para no hacer spoiler) y vosotros decidís cual de ellos queréis que cuelgue primero. Así que ya sabeis: 0-1-2.


Un saludo, y felices fiestas a todos ^^