Crónicas del caos - Especial: crossover

sábado, 11 de abril de 2009

Muy buenas, gente (no debería saludar ni a la mayoría, que no dejais comentarios, sosooooos!!ù_u).

He tenido una semana santa ajetreada, de esas que aunque se supone que son para descansar, trabajas más que el resto del año. ¡Y yo que me quejaba de pasarme los tres primeros días muerta de asco sin salir con nadie! Pero aúnque los pies me rabien de dolor, no tenga tiempo de jugar, me pase la tarde y noche jugando a Guild wars o al Viva Piñata o al Final fantasy Echoes of time, o al The World ends with you original, esta mereciendo la pena. Es lo que tiene tener al lado a una persona especial con quien se tiene una conexión especial (el "blue tooth", o "Colmillo azul", eh, Jose mio? ^///^)

Pero dejo de enrrollarme. Solo queria teneros informaros de porqué no he podido actualizar el blog durante esta semana santa.

¡Y por cierto! Crónicas del caos se acerca a su fin. De hecho, por ahora, el proyecto Crónicas está oficialmente cerrado. No habrá más misiones serias. De momento.

¿Por qué digo de momento? Pues porque ahora tengo que hacer frente al último trimestre del curso, y a la reestructuración de los libros 1+2 y el 3.

Sin embargo, como escribir me ayuda a relajarme, os voy a hacer un regalito. Serán solo 3 capitulitos cortos (ya sabeis como son mis capitulitos cortos...3-4-5 paginillas de nada...XD)a los que llamaremos: "especiales" de Crónicas del caos.

Se trata de un crossover (mi primer crossover..X3 wii! espero criticas ¬¬) basado en Crónicas (faltaba más) y en "Viva piñata", ese juego que tantos estragos causa a mi mente (=3 teno que conseguir el hipopotamo en el de DS... ¡Lo llamaré Burnelleschi! X3).

Puede que os parezca un juego infantil a algunos (iiiincultos! ¬¬) y a otros una maravilla (os quero! X3), y como me parece que merece la pena, mezclas caos con piñatas, ¿y qué sale?

Pues sale esto:






En aquella pequeña parcela, la tierra era árida y minúsculos brotes de verde pálido pugnaban contra los cascotes y basura que había por allí esparcidos asomándose a duras penas entre grietas del suelo. El aspecto era desolador. Si miraba más allá de aquella parcela, a su alrededor, matorrales y árboles crecían alegremente bañados por el sol primaveral. Las coloridas flores se repartían y bailoteaban entre el verde con alegría. Si miraba de nuevo a la pequeña parcela, la desolación lo embargaba todo. Miré a Nicómedes y levanté un dedo para empezar a meterme con él, pero se me adelanto:

No hace falta que digas nada. Primero trabaja, subsana lo que has montado y ya hablaremos del chantaje que vayas a hacerme. Tienes una semana para dejar esto tal y como estaba antes de que invocases para zafarte del entrenamiento...

Tenías un saltamontes en la pierna. ¡Sólo quería salvarte de esa terrible amenaza!

Su mirada asesina me hizo cerrar la boca. Estaba demasiado enfadado para aceptar ninguna broma, y menos aún, parar creerme. Era verdad que quería saltarme esos entrenamientos matutinos tan cansinos que a las alturas en las que estábamos no servían para nada; y también era verdad lo del saltamontes. Lo que no era tan verdad, es que tuviera que invocar para salvarle. Invoque a un pequeño espíritu de tres al cuarto para que exterminase a Nicómedes... Pero eso que quede entre nosotros. ¡Iba a hacerle un favor al mundo! Un favor que se convirtió en aquel pedazo de jardín exterminado.

Nicómedes se marchó enfurruñado a encerrarse en su mansión. Contemplé como se sentaba de brazos cruzados en el sillón de su salón y se ponía a ojear un periódico a través de la ventana. Cara dura. ¡Era culpa suya, por obligarme a usar mi caos en los entrenamientos! ¡El que debería arreglar el jardín era él! ¡No yo!

De nada serviría quejarme si no había nadie a mi alrededor que escuchara mis geniales comentarios, así que me puse a trabajar. Iba a resultarme difícil; mi tipo de caos no incluía los dones más útiles para la jardinería. Sin embargo, buscando por ahí, encontré algunas herramientas tiradas que seguramente habría dejado el mayordomo, Dimitri. Una pala, una regadera, abono, semillas... Por la ventana de la casa, la que daba al salón, vi a Dimitri situarse junto a Nicómedes, preguntándole algo, y luego, sin que Nico se diera cuenta, se volvió hacia la ventana y me guiñó un ojo con un deje de malicia. Malditos...

Me hice con todo aquel cargamento y lo llevé a la porción de tierra que tenía que arreglar. Primero tenía que quitar la superficie de tierra yerma. ¡Me llevaría horas, por no decir días!

Aunque Nicómedes no había mencionado si era obligatorio hacerlo manualmente o usar la pequeña ayudita del caos...

Me coloqué bajo la sombra de un árbol cercano, levanté una mano concentrando mi caos y, en seguida, la pala se levantó movida por manos invisibles. Empezó a cavar, dejando al descubierto la tierra marrón oscura y más húmeda que había debajo de la capa yerma. Apoyé mi espalda contra el tronco del árbol haciendo una floritura con la mano con tal de que el abono y las semillas para el césped empezaran a moverse. Las bolsas se abrieron y, dotadas de vida propia y flotando por los aires, comenzaran a plantar. Me senté en la hierba y dejé que continuasen con el trabajo mientras me tomaba un descanso arropada por la sombra de aquel árbol. Se estaba tan a gusto, que no tarde en quedarme dormida.

Cuando desperté, ya era media tarde. ¡Y yo aún no había almorzado! Mi sueño no había alterado para nada el riego de caos que dotaban de vida a las herramientas de jardinería. Habían reducido el ritmo de trabajo, pero ya estaba toda aquella porción excavada, replantada y cubierta de abono. ¡Ya era la madre naturaleza la que tenía que hacerse cargo del asunto!

Así que, quise dirigirme hacia la entrada a la mansión, pero una súbita visión por el rabillo del ojo hizo que me detuviera en seco y mirase de nuevo a la zona afectada.

Creí haber visto un brillo raro. Activé la visión de auras por puro instinto, pero claro, teniendo en cuenta que había cultivado todo aquello con caos, la zona entera brillaba envuelta en un halo de pálida luz añil, por lo que lo dejé pasar y entré en la casa.

Me despedí de Nico -como de costumbre, no de muy buenas maneras – y regresé a casa. Por desgracia, aunque mi plan era quedarme vagueando lo que quedaba del día y también el día siguiente; mis sueños se vieron truncados cuando a la mañana siguiente, Nico me llamó por teléfono hecho una fiera obligándome a acudir a su casa lo más rápido posible.

Y allí fui, a las siete de la mañana, recién levantada y con los párpados pegados. Nicómedes me esperaba en la verja de entrada, con Dimitri detrás con pose firme, oyendo sin escuchar. No presté demasiada atención a su retahíla sin sentido. Creo que mencionó algo del estilo: “malgastas caos por una tarea sencilla”, “eso es ilegal”, “un día nos llevaremos todos un disgusto por culpa de mi insensatez”...

A lo que sí presté atención fue a su última declaración, que me despertó y no fue de muy buenas maneras:

¡Así que, como lo has hecho de forma inadecuada, deberás deshacer el entuerto y rehacer el trabajo de ayer manualmente, sin usar caos!

¡¿Cómo?! -lo dicho: fue un mal despertar -. ¿Estás bromeando, verdad? ¡Ni que fuera radioactividad!

¡Como si lo fuera! Sabes que es peligroso... -bla, bla, bla, Nicómedes volvió a soltarme otro discurso de los suyos, que por no soportar, di mi brazo a torcer.

¡Esta bien! ¡Esta bien! -Nico se calló al instante -. Absorberé el caos que haya y retomaré el trabajo manualmente. ¡Pero no hoy!

¿Qué pasa? ¿Tienes alguna cita con cierta persona en tu propia casa?

Le cerré la bocaza a Nicómedes con la mirada más iracunda que podía esbozar a aquellas horas de la mañana (que bastante intensa tuvo que ser, si consiguió apagar su enfado tan bruscamente).

Vale, perdona. No quería meterme en tus intrigas amorosas... -aún se le veía el plumero.

Ni yo en las tuyas, pero tu nueva aprendiza ya debería saber que la tienes...

¡Ya basta! -enrojeció hasta las orejas -¡Vas a quitar el caos del jardín hoy mismo! ¡Y no te quiero ver más por aquí!

Guardando la poca dignidad que le quedaba, Nicómedes se escondió en su mansión dando zancadas. Dimitri, que se quedó rezagado, tuvo tiempo de intercambiar conmigo una media sonrisa cargada de picardía y un guiño antes de seguir a su señor. Por mi parte, fui a ponerme manos a la obra, dando la vuelta a la casa hasta llegar al pequeño pedazo de jardín que cultivé.

Admito que me dolía un poco tener que borrar todo el trabajo del día anterior de aquella forma, pero no me quedaba otro remedio. Últimamente tenía otras cosas que valoraba más que picar a Nico; cosas que podía perder si le hacía demasiado la puñeta a la organización.

Me sorprendió bastante ver el estado en el que se encontraba aquella área. Al parecer, el caos, más que ayudar a replantar, se había dedicado a desplantar: la maleza que antes crecía tranquila alrededor de la zona que destrocé se hallaba totalmente seca y de un color marrón pastoso. Nunca habría esperado aquella reacción. Mi caos no era el más adecuado para manipular la tierra, vale, pero tampoco era capaz por si solo de organizar todo aquello.

Lo más curioso, es que la zona que destrocé estaba intacta. De hecho, el césped había crecido e incluso había algunos matorrales. Me quedé embobada contemplando el milagro, hasta que me percaté de que algo raro estaba pasando. ¡Claro que el caos no robaba la vida a las plantas de alrededor para dársela a las que él mismo había creado! Allí estaba pasando algo extraño. Activé mi visión de auras y examiné con atención todo el lugar.

El haz de aura añil seguía rodeándolo todo, e incluso se había extendido algunos metros a la redonda. Las tonalidades de susodicho color variaban según la espesura de las plantas, y algunas de esas manchas incluso se movían, del tamaño de un gusano.

¿Gusanos seminmortales? ¡Había creado quimeras!

Estuve tentada de correr a buscar a Nicóemdes y contárselo. ¡Que se encargase él de esos bichos! Pero se me ocurrió una idea mejor.

Una idea mucho mejor que podría llegar a hacerle sufrir mucho.

Busqué en mis bolsillos hasta dar con una bolsa de plástico, con la que envolví mi mano, y me sumergí entre la maleza. Conseguí atrapar uno de aquellos gusanos: un ejemplar bastante más grande de lo normal, de vivo color naranja y que dejó de retorcerse en cuanto lo toqué.

Aquellos bichos me ponían enferma, pero seguro que a Nicómedes le enfermaban mucho más si se los encontraba en su desayuno, por ejemplo.

Me dediqué a buscar más de aquellos gusanos, pero todos parecían haberse escondido. Activé de nuevo la visión de auras, viendo como el tiempo se escurría de entre mis dedos empezando a despuntar el sol por entre el horizonte formado de nubes rosadas. Y lo que vi aquella vez si consiguió dejarme de piedra.

Lo que empezaba a surgir del suelo no eran simples gusanitos. Eran unos señores gusano... ¡del tamaño de mi brazo! Oleadas de asco empezaron a recorrerme, mas las contuve viendo a aquel bicho acercarse más y más. Tentada estuve de gritar y pisotearlo, pero no. ¡Con ese ejemplar le daría un buen escarmiento a Nico!

Para coger a aquel gusano, muy a mi pesar, tuve que usar las dos manos. Pensaba que tendría un tacto tan desagradable como el resto de sus familiares, pero... tenía la textura del papel. Sorprendida, tanteé el torso de aquella masa anaranjada de grandes ojos negros que apenas pugnaba por librarse de mi agarre. Si, definitivamente era lo más parecido al tacto de papel de manualidades que había tocado en mi vida.

Entonces, ocurrió lo inesperado. En mitad de ese reconocimiento, el gusano hizo un movimiento brusco que me alertó -he dicho alertó, no asustó. No tergiversemos las cosas – y que provocó que lo tirase al suelo. La caída, corta, fue brutal para él. Se partió en dos con un chasquido.

Por un momento me quedé paralizada, sin saber muy qué hacer, mirando el cadáver de aquel gusano del que tenía que empezar a brotar sangre viscosa...

Pero la visión de la sangre se hizo esperar. Demasiado. No apareció.

En lugar de eso, del cuerpo del bicho se dejó entrever un envoltorio. Desconcertada, me agaché para verlo.

Era un caramelo.

1 comentarios:

Andreu Romero dijo...

Oooooivá... bastante surrealista ^O^. El final es realmente sorprendente. Yo no he jugado a ese juego, por cierto :3

Aaah, y ya he descubierto al padre de Veran... Es Wesker!!!! ^____^ Tienes que jugar al 5.