Crónicas del caos - Información - III parte

lunes, 30 de marzo de 2009




El agente de la Orden se hizo esperar, pero después de dos días se dignó a hacer acto de presencia, amparado por la oscuridad nocturna.

Mantuve la guardia durante todo ese tiempo, vigilando el piso que elegí como medio para mi fin. Había elegido al individuo perfecto: un aislado e incomprendido resabiado con su alrededor da más guerra a su muerte que cualquier otra persona. Su espíritu regresó, y en un momento montó un buen cisco: tiraba al suelo todo lo que podía; golpeaba paredes y suelo, arrastraba muebles e incluso se colaba en las casas de sus vecinos. Había creado un poltergueist bastante guerrero...

...pero que se volvió un cobarde cuando vio al agente de la Orden en sus dominios.

Ruidos y movimientos extraños cesaron de forma abrupta cuando la silueta, medianamente alta con ropas oscuras, se coló en la vivienda y empezó a registrarla sin levantar el más mínimo ruido. Parecía un experto: se puso unos guantes para no dejar huellas, se mantenía lejos de las ventanas y controlaba su caos de tal forma que apenas se podía discernir su aura de pálida que estaba. Sin duda, se trataba de un profesional.

Encontrar a alguien de mi nivel no me entusiasmo demasiad, y descubrir, por las formas de su silueta, que no se trataba de una chica me hundió un poco más. Me estaba mal acostumbrando...

Desde mi puesto, sentado en la azotea del bloque de enfrente que quedaba a la misma altura del piso del fantasma, chasqueé los dedos y usé algo de caos, moviendo los labios sin emitir sonido alguno. La orden estaba dada. ¡Que comience el espectáculo!

* * *

Nicómedes tardó media día estudiando el informe preliminar. No quería -y nunca lo hacía – dejar cabos sueltos. Todo el contenido de los folios quedó grabado en su mente, palabra por palabra y plano por plano.

Aquella misma noche hizo acopio de todo lo necesario y se puso en marcha. No tardó mucho en llegar; de hecho ya había estado en aquel bloque de pisos anteriormente. Y Veran estuvo con él en aquella ocasión. Se trataría de una casualidad, pero, ¿habría sido esa anterior visita el autentico motivo por el que Veran le regaló la misión? Nunca sabía con certeza lo que se le pasaba por la cabeza a esa chica...

Sin llamar la atención, entró a hurtadillas en el piso encantado. Se enfundó los guantes y comenzó su registro.

Hacía tiempo que no llevaba a cabo un exorcismo. Veran quizás habría personalizado sus enseñanzas, pero él recordaba perfectamente como las realizaba: registró la casa en busca de pruebas suficientes que confirmara la identidad del supuesto ente fantasmal.

El poltergueist no hizo acto de presencia hasta pasada la media noche. Todo empezó con un chasquido, continuó con algunos cajones -que ya registró – abriéndose y cerrándose de golpe, y finalizó con un brusco descenso de la temperatura y una fuerza invisible que intentó levantarle del suelo.

No solo no consiguió mover ni un centímetro a Nicómedes, sino que se tuvo que llevar un doloroso recuerdo cuando el gente activó su caos de forma repentina. Fuera lo que fuera lo que le había tocado, se llevó una dolorosa quemadura cuando el aura de su cuerpo, antes semitransparente, se volvió durante un momento de fuego, envolviéndole en una llamarada azulada.

El ente se asustó, algo no muy normal en ellos, y todo permaneció en calma el tiempo suficiente como para que Nicómedes pudiera adivinar la silueta del fantasma recortada por el aura verde con manchas rojas.

¿Un fantasma sacado del infierno? Si el aura era rara, el espíritu no era para menos: empezó a dar vueltas a su alrededor, como esperando alguna señal para saber como actuar. El cuartucho donde se encontraban, totalmente revuelto y sucio sin otra luz que la que emitía el botón de encendido de un ordenador y una ventana cerrada a un lado, era demasiado pequeño, y había muy poco espacio por el que desplazarse. Así era, que en sus vueltas, el fantasma atravesaba la pared de la calle y de las habitaciones contiguas.

Aquella actitud me pareció muy extraña. Los fantasmas, almas en pena que solían compartir su tormento con sus vecinos (normalmente de formas violentas) nunca quería descansar en paz por las buenas. Nadie, después de todo, quiere morir de forma repentina, prematura y dolorosa...

Se produjo otro chasquido. Como un toro, el fantasma reapareció atravesando el muro que daba a la calle, imbuido en una aura que imitaba a la que anteriormente había invocado él, en forma de llamaradas, e intentó embestirle. Suerte que el extraño comportamiento del ente le había obligado a redoblar la guardia, pudo apartarse a tiempo lanzándose a un cúmulo de ropa tirada en el suelo, formando un mullido colchón que amortizó su caída. Desde allí, Nicómedes lanzó una ráfaga de caos al fantasma, cuya aura había redoblado sus manchas rojas.

El poltergueist emitió un inhumano gruñido desvaneciéndose en el aire en cuanto la ráfaga le golpeó. Nicómedes se incorporó y miró a todos lados, sintiéndose frustrado. Empezaba a entender a Veran. El fantasma prometía mucho, y sin embargo, cumplía poco y se resentía a a más mínima. Conociendo a su aprendiza, aquella misión la habría desquiciado.

Quiso poner fin cuanto antes a todo aquello, y el chasquido que avisaba del próximo ataque no se hizo esperar. De nuevo, el ente intentó embestirlo, apareciendo ante el muro exterior. Se aproximó a gran velocidad y mientras se acercaba, Nicómedes cargó su caos. Estiró la mano y aguardó a que sus dedos lo rozaran.

Y ya no hubo más fantasma. Se desintegró en el aire, desapareciendo segundos después el aura totalmente roja que lo envolvía.

No quedó nada del fantasma. Fin del trabajo.

Después de su última maniobra, sobrevino un pesado silencio y un fétido olor que inundaron la habitación. Nicómedes se acercó a la ventana, sorteando con suerte la marabunta de objetos que había diseminados por el suelo. Abrió el cristal y dejó que el caos que formaba el ente y que él había dividido y quemado para exterminarlo, escapara por allí. Con él se marchó el olor.

Tenía pensado escapar por allí, pero algo le detuvo cuando ya tenía un pie en el alfeizar.

¿Cómo no se había dado cuenta antes? En la azotea del edificio de enfrente, sentado sobre el borde, a su misma altura, un joven le miraba fijamente. Un pañuelo le cubría la boca y la barbilla y vestía con ropas tan sencillas y de tonalidades tan oscuras como las suyas. Su cabello era frondoso, ensortijado y estaba despeinado, No hacía falta ser un genio para darse cuenta de que era un seminmortal. Fue él quién rompió el hielo:

- Buenas noches, agente de Corver -se le notaba cierta nota de desprecio en la voz -Ha hecho un buen trabajo. No esperaba menos de un maestro...

- El chasquido... -Nicómedes pensó en voz alta -. ¿Controlabas a ese espíritu?

- Fue un sacrificio necesario. Una herramienta más -el chico tomó apoyo en la baranda, preparándose.

- ¿Una herramienta? ¿Necesario para qué? -Nicómedes le imitó, apoyandose en el marco de la ventana.

- ¿Para qué quieres saberlo? No voy a dejar que te acuerdes después...

Aquella afirmación desconcertó a Nicómedes. Los dos permanecieron en tensión, mirandose fijamente a los ojos. Analizando la conversación, Nicómedes supo que el agente pertenecía a Iehova, que conocía su rango y que, pese a saberlo, su tono de voz era muy sosegado, capaz de contagiar esa tranquilidad. Tenía que permanecer con la mente atenta. Agredir a un agente de otra organización dañaría, no sólo la reputación, sino también la relación entre ambos organismos -ya bastante tocada -.

- No sé que pretendes... -empezó a decir Nicómedes.

- Ser un tío no te hace inmune -aunque siguiera apoyado en la balaustrada, no tenía intención de saltar. Estaba más preocupado por mirarle a los ojos que por atacar directamente -. Así que no te esfuerces en aplazar lo inevitable...

Sus actos intrigaban al agente de Corver, y más aún cuando algo penetró en su mente. Rompió el contacto visual con el chico de la azotea cuando, dolorido por esa sensación que era como si le introdujeran un gigantesco clavo ardiendo en el cerebro, se escondió acuclillándose bajo la ventana. La sensación de intromisión se esfumó como si nunca hubiera existido.

Pero la calma aún tardaría mucho en llegar. El agente salió al interior de la habitación, pasando por encima de Nicómedes, rodando por el suelo hasta ponerse en pie a dos metros de él. Nicómedes sacó una daga de su bolsillo y se puso en guardia. Sus miradas se enfrentaban otra vez. La sensación intentó poseer a Nicómedes de nuevo.

Comenzaron a dar vueltas por la habitación formando un circulo. El agente del pañuelo mostraba sus manos vacías en todo momento, pero Nicómedes no se creía que estuviera totalmente desarmado. Por eso, a la dificultad que representaba el estar pendiente de no tropezar con la basura que cubría el suelo, se añadía la de buscar algún arma que pudiera llevar escondida en alguna parte.

- Eso es... -susurró su enemigo con la voz calmada -. En mis ojos están mis intenciones. Míralos...

«Mucho interés tienes en que te mire a los ojos» pensó Nicómedes. Enfocó su vista activando su visión de auras, y entonces lo descubrió: el caos se acumulaba en los ojos de aquel seminmortal e intentaba abrirse paso en forma de ondas por la atmósfera para colarse en él. ¡Ahí estaban sus intenciones!

Nicómedes no esperó más y se lanzó al ataque. Su rival le esquivó con gracilidad, apartándose a un lado.

- ¿Por qué te retuerces tanto? Déjate llevar. No llevo armas, simplemente quiero hablar contigo...

- Pero yo no quiero hablar contigo -Nicómedes volvió a incorporarse al circulo, mirando a los pies y a los brazos de su enemigo, pero nunca a los ojos - ¿Qué buscas?

- Solo quiero hacerte algunas preguntas... ¡y es de mala educación no mirar a los ojos de quién te está hablando!

Esta vez fue el agente de Iehova quién se lanzó a por Nicómedes. Fue más rápido que éste último, y ambos rodaron por el suelo. Nicómedes intentó liberarse, su daga se perdió entre el desorden reinante. y ambos se confundieron entre puñetazos y patadas, la mayoría de ellos fallidos y que recibió el aire.

La pelea terminó con Nicómedes inmovilizado con una llave y con el agente enemigo encima. A éste le quedaba una mano libre para tomarle la barbilla y obligarle así a mirarle a los ojos. Nicómedes se resistió cerrándolos con fuerza.

- ¡Abre los ojos y no te pasará nada! -el seminmortal de Iehova forzó el brazo que sujetaba a Nicómedes hasta arrancarle un grito de dolor -. Abre los ojos, te sentirás mucho mejor...

Al igual que hizo para separarse del fantasma, Nicómedes convirtió su aura en una potente llamarada de caos que consiguió librarle del agarre del otro chico. Rodó por el suelo hasta la puerta y la cerró de golpe, invocando algo más de caos para sellar por completo el interior, deslizándolo por debajo de la puerta.

Mientras el agente de Iehova intentaba tirar la puerta abajo, Nicómedes aprovechó para escapar. No era su misión enfrentarse a ese tipo, y mucho menso provocar una guerra entre las dos organizaciones por agredir a un agente de la competencia. Así que se marchó lo más rápido de allí, aprovechando el encierro de su rival. La Orden tendría noticias de aquello...

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Perdonad la tardanza. Es que estuve de examenes, y digamos que he llevado dos semanas demasiado moviditas para escribir nada. ^^ Aprovechaba los cambios para desarrollar el capitulo y eso, así que no os extrañeis si no está tan bien como el resto. Espero que podais disfrutar leyendolo. ^^ Saludos!

1 comentarios:

Andreu Romero dijo...

Una paliza entre expertos, no está mal ^^. De ser Veran le habría entrado el modo berserker y no habría quedado ni una fibra del malote. Suerte para él :)