Crónicas del caos - Información - II parte

lunes, 16 de marzo de 2009




El informe de la misión llegó como de costumbre: el cartero lo depositó como un paquete más en el buzón y lo recogí enseguida. Me pasé el día entero leyendo y releyendo el informe. El exorcismo más común entre los comunes.

Un chico se había suicidado mientras jugaba a un juego “online”. Dos días después, su espíritu se aparece en el bloque de pisos donde vivía y se dedica a atormentar a los vecinos con ruidos, juegos de luces y movimiento de objetos mediante fuerzas invisibles. Un vulgar poltergueist.

Y, como de costumbre, me mandan a mí a exterminarlo. Pues no. Aquella vez sería distinto. Ya no sólo porque no tenía ganas de cumplirla, sino porque después de mi última misión había cogido un buen resfriado...

Las enfermedades no nos perdonan ni a nosotros, los seminmortales. Si en un momento dado el nivel de caos de nuestros cuerpos baja considerablemente, estamos tan expuestos a los catarros como cualquier mortal más. La pega es que suelen ser resfriados mucho más fuertes que los normales. Y mi tipo de caos no ayudaba precisamente a tener una recuperación rápida.

Así que había pasado el día tumbada en el sillón, rodeada por un foso de pañuelos usados y con la nariz totalmente entaponada. Podría soportarlo; siempre y cuando Nicómedes no se presente en mi casa para “cuidarme”.

Me había dado a mi misma un tiempo para decidirme si cumplir o no la misión. Si pasadas las nueve mi cuerpo aún se resentía por los escalofríos y los mocos, llamaría a Nico para dar parte. ¡Que le encarguen la misión a otro!

Y llegaron las nueve. Pasaron a las nueve y media. Y mi resfriado no mostraba signos de mejora, por lo que llamé a Nicómedes sobre las diez menos cuarto.

- ¿Diga?

- Como si no supieras quién te llama... ¿Es que no has visto mi número en la pantalla de tu móvil? -sorbí por la nariz con fuerza.

- No te pongas así, Veran. Me había quedado dormido. Parece que últimamente me encargan hacer las misiones de todo el departamento a mi sólo -escuché suspirar a Nico desde el otro lado de la línea.

- ¿Estás libre entonces esta noche?

- ¡Vaya! ¿Una cita? -su tono cambió por completo.

- Si, con la muerte. Supongo que te habrás dado cuenta por mi voz que no estoy en mis mejores condiciones... -dejé caer.

- ¿En serio? Yo te la noto tan desagradable como siempre -se burló -. Vale, vale. Me imagino que estarás ahora mismo explotando algo imaginando que soy yo por esa bromita -se equivocaba, estuve a punto, pero olvidé la idea rápidamente y el vaso de agua que tenía en la mesilla de cristal del salón permaneció a salvo.

- Cogería frío -me encogí de hombros aunque no pudiera verme -. El caso es que me han mandado llevar a cabo un exorcismo, pero es que en mis condiciones...

- ¿Seguro que es por el resfriado y no porque no tienes ganas?

- ¿Crees que tengo ganas de que tu te lleves el mérito que yo merezco? Me estoy tragando mi orgullo para pedirte un favor. No me lo pongas más difícil, ¿quieres?

- Esta bien, no te enfades, mujer. Te vas a poner la voz si sigues alzando la voz así. Me haré cargo por ti, ¿de acuerdo?

- ¿Te he conmovido? -miré al techo, tumbándome de nuevo en el sofá y esbozando una media sonrisa burlona.

- Sigues siendo mi aprendiza; es mi deber encargarme de ti -ya empezábamos -. ¿Puedes hacerme llegar le informe de alguna manera?

- Creo que tengo el fax por ahí...

- Perfecto. Enviámelo ahora mismo a mi casa. Me pasaré un rato por allí y me pondré manos a la obra. ¿Te parece bien?

Asentí levantándome de nuevo y buscando, teléfono en mano, la vieja chatarra que la Orden había encargado expresamente para ponerlo en mi casa. Todos los agente teníamos uno. Nicómedes continuó hablando, contándome sus planes quizás a sabiendas de que pasaba de él. Encontré por fin el fax, tapado por una sábana en la habitación destinada a ser una salita. Todos los muebles de la habitación estaban cubiertos y sin usar.

- Nico, te mando el informe ahora, ¿vale? Procura hacerlo bien, no quiero que falles en mi misión -mientras Nico empezaba a quejarse por llamarle así, colgué y dejé el teléfono junto al fax.

Toqueteé un poco los botones de la máquina hasta que se encendió una lucecita verde. Acudí al salón para coger el informe completo y lo envié al número que Nico me había dado mientras hablábamos por teléfono. Le dí un toque al móvil una vez terminó de mandarse y me fui a la cocina a prepararme algo caliente.

Ya podía descansar sin preocuparme y recuperarme pronto. A la media hora, Nicómedes me mando un mensaje avisándome de que ya había encontrado el informe. Así que me quité el tema de la cabeza y me pasé el resto de la noche jugando a la consola notando a mi caos recorriendo mi cuerpo al doble de velocidad para aliviar cuanto antes aquel maldito catarro...

1 comentarios:

Andreu Romero dijo...

Un "leve" resfriado, al parecer. Muy bueno lo del foso de pañuelos, es muy gráfico (y veraz, en la vida real). A seguir :3