
Apenas me detuve un par de minutos en casa. Sólo el tiempo suficiente para recoger el taco de folios del buzón, releerlos por encima mientras recogía mis cosas y me ponía en camino. El informe preliminar de la misión traía adjunto consigo mapas y toda la información necesaria sobre el hotel y alrededores.
Por suerte, o por desgracia, no sabría muy bien como decirlo, el hotel no estaba muy lejos. Lo habían construido hacía relativamente poco tiempo, y se erigía en pleno centro activo de la ciudad. Dicho centro era un gigantesco barrio remodelado que envolvía como un anillo el casco histórico, autentico centro urbano.
Era la zona con edificios más altos de toda la urbe. El hotel, cuya fachada adquiría la curiosa forma de una estrella que relucía bajo los rayos del sol que reflejaban los amplios ventanales, no tenía nada que envidiar a las extravagantes formas de los edificios de oficinas que lo rodeaban.
Salvé como pude el tráfico enloquecido en plena hora punta como buenamente pude para poder llegar a la puerta. Ésta se abrió en cuanto denotó mi presencia ante ella, deslizándose sigilosamente y permitiéndome ver el interior.
La entrada era tan lujosa como el exterior, aunque de aspecto algo más rústico. Largas vigas de madera caoba se levantaban dividiendo la entrada en varias zonas. Sillones, sillas y sofás se repartían por las mismas, muchos de ellos ocupados de gente de todo tipo y de toda procedencia: charlando entre ellos o simplemente descansando un rato. Al fondo, una fila de gente esperaban ser atendidos por el señor uniformado de verde que estaba tras un enorme mostrador del mismo material que las vigas. La atmósfera allí contrastaba totalmente con el exterior: el estrés de la hora punta daba paso a la tranquilidad y la calma, y a cierto olorcillo a incienso...
Me coloqué al final de la cola, con mi mochila al hombro, estudiando a fondo el lugar sin evidenciarme demasiado gracias a mis gafas de sol. El pálido color de las paredes que no sabría decir si estaban pintadas o forradas, ayudaba aún más a entrar en un estado de calma interior. Cuadros de formas abstractas y más colores pálidos la decoraban en armonioso orden, iluminado todo con la luz tenue de las lámparas de araña del techo.
- ¿Eres la última? -me preguntó en inglés un tipo que acababa de entrar, tocándome el hombro y desconcentrandome.
- ¡Si! -respondí rápidamente en inglés, también, sin mirarle.
- De acuerdo
Se colocó detrás mía, dejando caer pesadamente su maleta en el suelo. El golpe se suavizó gracias a la moqueta que imitaba el color de la madera.
El señor del mostrador despachaba a los clientes rápido, así que no tuve que esperar mucho tiempo en la cola. En el informe preliminar de la misión me habían facilitado los datos de una reserva que habían hecho por mí...
- Han reservado una habitación por mí. A nombre de “Heraclio Beltrán”... -el chico del mostrador ni preguntó porqué venía. Simplemente escuchó, y fue raudo a una habitación contigua, volviendo a l segundo siguiente con unas llaves en la mano que me dejó sobre el mostrador -Gracias...
- Su habitación está subiendo las escaleras hasta la primera planta, y a la derecha. ¡Qué pase una buena estancia! No dude en llamar al servicio de habitaciones si necesita algo, señorita. ¡El siguiente, por favor!
Me aparté de la cola y busqué las escaleras. Al lado del mostrador, se abría un hueco en la pared. Entré por él y me las encontré de cara. Subí hasta el primer piso, como me habían señalado. Llegué al rellano que tenía un “1” enmarcado y continué por el pasillo que se abría a las escaleras y se bifurcaba a derecha e izquierda. Tomé el camino de la derecha y fui comparando los números de las habitaciones que pasaban ante mí con la placa que colgaba del llavero que acababan de darme.
Terminé en la última habitación del pasillo. Introduje la llave en la cerradura y entré.
Me topé con otro corredor, entero de madera y con dos puertas a los lados y una más enfrente. La puerta de la derecha era un armario con caja fuerte, y la de la izquierda, un baño pequeño. La que quedaba daba al dormitorio, tremendamente amplio. De nuevo, la madera era el material por excelencia, concretamente la elegante caoba. A los lados se repartían los muebles, dividiendo la habitación en dos partes: un sofá frente a una televisión de pantalla plana de bastantes pulgadas sobre un mueble bar a la izquierda; y la cama de matrimonio y mesillas de noche sobre las que un par de cuencos emitían el aroma a incienso que reinaba en la habitación, a la derecha. Frente a la puerta por la que acababa de pasar, una enorme puerta corrediza de cristal flanqueaba el paso a un balcón que daba a la parte trasera del hotel.
Me asomé para contemplar la vista. Un jardín inmenso, propiedad del hotel, rodeaba el edificio, chocando casi con una zona verde de la propia ciudad. Un grupo de niños acompañados de sus madres pasaban en aquel momento por allí, formando una alegre algarabía que me obligó a regresar a mi habitación y cerrar el ventanal asqueada.
Ya había llegado. ¿Por dónde empezar la misión?
¡Por acomodarme, por supuesto! Tenía cuatro días para terminarla. ¡Tiempo de sobra! Y aquella oportunidad no podía dejarla escapar...
Solté la mochila sobre la cama. Se hundió un poco por el peso, lo cual me hizo sospechar. Me senté en el borde, comprobándola. ¡Era un colchón de plumas! Me eché de golpe, viendo un par de plumones escaparse de la almohada y flotar alrededor de mi cabeza hasta posarse sobre el colchón.
¡Qué comodidad! ¡Qué bien iba a dormir aquella noche!
Me levanté como impulsada como un resorte, salté por encima del sofá y me senté. Justo a mi lado, tenía el mando de la tele. La encendí dándole a un botón cualquiera, quedándome ensimismada ante el canal extranjero con el que sintonicé, y donde emitían en ese momento una película de acción. “Zapeé” un poco, comprobando que sintonizaba con prácticamente todos los canales habidos y por haber.
Tenía que estropear mis cuchillas más a menudo. Con misiones así, ¡¿quién necesita vacaciones?!
* * *
Me dediqué las horas siguientes a sacarle provecho a la habitación. En el mueble bar había bebidas de todo tipo, y como la Orden se encargaba de cubrir todos los gastos, di buena cuenta de las bebidas con gas que encontré. Me pasé el día entero tirada en la cama viendo la televisión hasta que me quedé dormida...
Y unos golpes en la puerta me despertaron. Miré mi reloj: las tres de la madrugada. Si era el servicio de habitaciones, dejaba mucho que desear...
Me levanté a regañadientes, notando una molesta punzada de dolor en la cabeza. Había bebido demasiado... Y los golpes, cada vez más insistentes, no dejaban mi cabeza en paz. Casi como un zombi, llegué a la puerta y la abrí de repente.
En el pasillo no había nadie. Me rasqué la cabeza y, descalza, arrastré los pies hasta el baño. Encendí la luz, que me cegó por un momento. Allí tampoco había nadie.
Tras una breve pausa, los golpes resurgieron. Y pude localizarlos: el armario. ¡¿Es que se había colado alguien en mi habitación y se había escondido allí?! Preparándome para hacer frente a cualquier borrachuzo que se hubiera colado allí, cogí el pomo de la puerta del armario, respiré hondo, y la abrí de par en par.
El armario estaba totalmente vacío. Y los golpes cesaron. ¿Sería de la habitación de al lado? Con un suspiro profundo, me dispuse a cerrar la puerta. Entonces, me percaté de algo.
En mi estado, me llevé un susto de muerte. Una chica de pelo negro, largo y totalmente desmelenado, con los ojos medio cerrados y enrojecidos y vestida con unos simples vaqueros y una camisa negra ajustada, me miraba fijamente y con aspecto confundido. ¡¿Cómo se había colado esa allí?!
Tras un rato mirándola, me di cuenta de que era mi reflejo. Había un espejo de cuerpo entero en la parte de atrás de la puerta del armario. No sé porqué no me di cuenta antes. Quizás la emoción del momento...
La chica del espejo se tambaleó un poco. A mi la vista se me nubló, y un pequeño mareó empezó a anidar en mí. Había bebido demasiado... Sin ser muy consciente de lo que hacía, active mi visión de auras, y aquello fue lo último que vi antes de desmayarme: una imponente aura roja envolviendo el espejo...
Crónicas del caos - Terror Reflejado (II parte)
viernes, 6 de febrero de 2009
pensado, currado y escrito por Veran Rose en 16:38
Categoría: Crónicas del caos
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5 comentarios:
Solo hay una palabra para describir esto.
GENIAL.
^^ Gracias! Espero estar mejorando con las descripciones. Aún me cuestan un poco...^^U
Bieeeeen, el retorno de Veran por fin :3
Si es que esta niña no puede tener unas vacaciones tranquilas nunca. Debería pillarse una baja por estrés (aunque a lo mejor eso sería aún peor xD).
He ido escuchando la banda sonora de la historia. Yo le habría puesto música más oscura, pero supongo que le pega porque el personaje es joven (aunque sea en apariencia).
Sigue así ^.^
Aún estoy buscando las músicas que me recomendasteis post atrás. ^^ Aunque la historia tenga sus puntos oscuros, Veran después de todo tiene un pasado... no tan oscuro. XP Sigue en pie lo de recomendar canciones, ¿eh? Lo que pasa es que no me manejo muy bien en imeem, pero vamos..XD Recomendad, y tarde o temprano estarán ^^ Saludos y gracias por vuestros coments!
La forma esta como siempre muy bien trazada, llena de matices propios de Veran. Las descripciones, pese a ser tu punto débil estan situadas de tal forma que uno pueda apreciar el hotel sin llegar a parar la acción.
Sin embargo, tienes que aprender a jugar con los parrafos, demasiados provocan una pausa innecesaria. Imaginalos como un cambio de plano en una pelicula, si cambias pocas veces parece estatica, pero si cambias muchas con demasiadas pausas empeza a ser confusa...
Sigue así... puliendo tu estilo
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