Crónicas del caos - Veran - Terror reflejado (I parte)

sábado, 27 de diciembre de 2008


¿Qué es un fantasma?

Supongo que a muchos se les vendrá la imagen a la cabeza de la clásica sábana con cadenas atadas a invisibles pies, o la traslúcida imagen de una persona con ropajes antiguos deambulando por oscuros edificios laberínticos de macabra atmósfera.

Pero una imagen no nos define nada. Personalmente, en mis tareas como exorcista, me he enfrentado a animales y objetos escupe-fuego, mutaciones y fuerzas invisibles que han provocado más de un susto en la comunidad mortal. El rasgo común de todos estos fantasmas, es el caos.

Esta maldita sustancia, que a muchos nos otorga poderes inimaginables por gente mundana y corriente como vosotros, está disuelta en el aire. Y en algunos sitios, más que otros. Por ello, cuando alguien muere en dichos emplazamientos, el caos puede llegar a contaminarles de tal forma, que se forme el fantasma en cuestión.

¿Cómo hacerles frente? El caos sólo puede ser eliminado con caos. Absolviéndolo, malgastándolo… múltiples son las maneras para dar fin a esa contaminación. Por ello, a cada miembro que pertenece al departamento de exorcismos, al terminar su iniciación, se le obsequia con un arma imbuida en caos de tal forma, que pueda absorber ese caos contaminante.

Así fue como conseguí mis cuchillas, y esa es su función, entre otras tantas que no están muy bien vistas… Pero eso es harina de otro costal…

El caso es que, después de tanta misión seguida, de tantos fantasmas escupe-fuego eliminados, el caos de mis cuchillas estaban empezando a agotarse… Y para muestras, estaba el espejo de mi armario.

En mi primer día libre después de tanto exorcismo, decidí celebrarlo comiendo fuera. Abrí el armario para coger lo primero con lo que se topasen mis ojos, y me quedé embobada mirando el espejo. Tras de mí, sobre la mesilla de noche, mis cuchillas echaban humo, literalmente. Me giré para comprobarlo, y a simple vista, estaban intactas. Sin embargo, al activar la visión de las auras, el hilo de humo que despedían era cada vez mayor.

Tuve que dar de lado mis planes y acudir a la oficina de la Orden a mi pesar para comentarle el problema a Heraclio.

Como de costumbre, recorrí el pasillo de la planta de los lores ignorando los grupos de seminmortales que esperaban su turno para hablar con los jefes. De hecho, me colé por delante de una pareja de chicas seminmortales con minifaldas que esperaban que Heraclio les dejase pasar a su despacho, entrando yo antes y sin llamar.

¡Lo que eran las casualidades! Heraclio estaba en ese momento reunido con Nicómedes, e interrumpieron su charla cuando escucharon el portazo que di al cerrar. Los dos me miraron como quien ve un fantasma.

- ¡Veran! ¿Qué haces aquí? -saludó atropelladamente el lord.

Sin mediar palabra, me acerqué y planté con un sonoro golpe mis cuchillas sobre el escritorio del lord. El cristal que lo cubría se agrietó un poco.

- ¡Veran! ¡Vas a romperlo! -teniendo más cuidado que yo, Heraclio apartó las cuchillas de ahí y comprobó el estado del cristal y de la espada que podía verse tras el mismo. Me crucé de brazos esperando a que recuperase la compostura -. ¿Se puede saber que pasa?

- Tus estúpidas misiones han estropeado mis armas -Nicómedes se rió por lo bajo, apoyando el codo en el brazo de su asiento -¿Y a ti que te pasa?

- Nada… ¿Tanto como pedías misiones de verdad y te quejas ahora por tenerlas?

- Si llamas misión de verdad a destrozar un simple pedrusco y encerrar a un maldito perro… -le lancé una mirada envenenada -Será porque no conoces otro tipo de misiones de verdad, ¿no, Nico?

- ¡Dejad las discusiones! -nos interrumpió Heraclio que mientras hablábamos, había estado examinando mis armas -Veran, el nivel de caos de tus cuchillas está muy por debajo de lo normal… ¿Se puede saber que has hecho con ellas?

- Cumplir mis misiones -mi mirada vagó por la habitación, deteniendose en cada espada que Heraclio tenía colgadas en la pared a la vista de todo el mundo.

- Aparte de eso… ¿No las habrás usado para otra cosa, verdad?

- ¡Claro que no! ¿Me tomas por éste? -señalé con la cabeza a Nicómedes con gesto despectivo.

- Y estas marcas… -Heraclio señaló con el dedo las cicatrices de batalla de las hojas, que parecían haber perdido todo su brillo, y lanzó un suspiro triste -. Como pronto, estarán listas para dentro de tres o cuatro días…

- ¡¿Tanto?!

- No te quejes, Veran. No solo te las voy a recargar de caos. ¡Las mimaré!

Tanto Nicómedes como yo nos quedamos perplejos ante su vocecita infantil repentina y el abrazo que le dio a las armas, frotando su mejilla contra las hojas sin herirse de milagro.

- ¿Y qué voy a hacer yo mientras?

- Sin arma no puedes cumplir misiones, Veran… -Heraclio se dirigió a Nicómedes -¿Me traes el trapo de aquel estante, por favor?

Nicómedes se dirigió hacía una estantería al fondo donde se acumulaban en curioso orden espadas y mandobles de diferentes tamaños y variopintas formas. Sacó de Dios sabe donde un pañuelo de seda con el que Heraclio envolvió mis cuchillas y las dejó reposando a un lado de la mesa.

- Regresa dentro de tres o cuatro días, y tus cuchillas estarán como nuevas. ¡Y mientras…! -Heraclio supo lo que iba a preguntar nada más verme abrir la boca - Te tomas un descanso, ¿no te parece?

- ¿Ahora que mandas misiones interesantes? -respondí contrariada.

- ¿No decías que eso no eran misiones de verdad? -intentó picarme Nico.

Obvié su provocación con un gruñido.

- Ya vale… -murmuró Heraclio con desgana -. Veran, no es una recomendación; es una orden. Te irás de “vacaciones”…

- ¡Oh, vaya! Por fin veo a un Heraclio con personalidad! ¿Dónde ha estado escondido todo este tiempo? -dije con sorna.

- ¡Se acabó! -de un movimiento brusco que no me esperaba, el lord se levantó arrastrando su sillón hasta tirarlo al suelo. Su nueva actitud me hizo retroceder un paso, observando cómo cogía un folleto de su cajón y me lo colocaba en la mano -. No salgas de este sitio hasta dentro de cuatro días. ¡Si me desobedeces, serás suspendida de empleo y sueldo durante dos meses!

Sobrevino el silencio, sólo roto por los frustrados intentos de Nicómedes para sofocar la risa. Más confundida de lo que en mi vida he estado, busqué algún atisbo de burla en los ojos del inmortal. Atisbo que no encontré. Estudié el folleto por encima, mas Heraclio no me dio tiempo a ello: me hizo girar sobre mi misma y a empujones, me guió hasta la salida:

- ¡Ya me has oído! ¡Te llamaré cuando tus armas estén listas! Hasta entonces, no quiero saber más de ti. ¡Largo!

Y me cerró la puerta en las narices de un portazo. Totalmente descolocada, estudié el folleto, echándole un vistazo a la portada. La fachada de un lujoso hotel estaba coronada por el título en letras grandes de colores que daba nombre al edificio: “Hotel Luz de Acanto”.

Con un hondo suspiro, salí de la central de la Orden de regreso a casa. Por el camino, me divertí removiendo las hojas del folleto hasta que, en mitad de la calle, un trozo de papel se precipitó al suelo. Lo recogí y leí en voz baja:

“Espero que no te haya molestado la forma en la que te traté; no quería que Nicómedes se enterase. Tu nueva misión se localiza en el hotel. Ya me he encargado de reservar tu habitación. Explórala a gusto, porque tu víctima ronda esa zona. ¡Suerte!”

¡Que bien! ¡Unas vacaciones-trabajo! Arrugué el papel en mi puño, cerrándolo con fuerza, ciega de rabia. Pero pronto se me pasó el enfado cuando recordé ciertas palabras de la nota.

“(…) no quería que Nicómedes se enterase.”

Me tome aquello como una señal. Nico era el primero que mediaba para que los lores me recomendasen misiones fáciles, sin riesgo. Si Heraclio no quería que él se enterase, sería seguramente, porque se trataba de una misión peligrosa. Misión que no iba a desperdiciar, y aunque estuviera sin armas, estaba tan segura de mí misma que me veía capaz de enfrentarme al mismo Belial sólo con mi caos.

3 comentarios:

Andreu Romero dijo...

Esta clase de capítulos me encanta, de verdad. Es lo mejor, ver a los personajes en actitudes "tranquilas", y conocer más de su forma de ser ^^.
Tiene un sabor muy de anime, cuando no hay luchas ni problemas de por medio en las series :D
La verdad es que es difícil imaginarse a Veran como una turista normal, aunque nunca se sabe. Si en Hellsing sale Alucard maqueándose para registrarse en un hotel, cualquier personaje aniquilador puede... ^______^
Y el Heraclio, enamorado de las armas blancas... (qué contraste de tío ^o^), y el otro, aguantándose la risa...

Kraric dijo...

Pues simplemente sublime. Este tipo de narracion te va como anillo al dedo como te he repetido en multiples ocasiones ^^. Se te da extremadamente bien jugar con las acciones, y eso es lo que hace que Veran tenga tantisima personalidad.
Sin embargo, como critica constructica, cuando quieras darle más profundidad enfatiza en las descripciones, y recuerda que estas son las que hacen sumergirse al lector de pleno en el relato, cuando nombres los detalles.
Te quiero preciosa, ya escribire algo en mi blog, sobre Raziel, para ir a la par que tu ^^

JoseC. dijo...

Interesante blog, enserio muy interesante, ¿lo escribes tu? leyendo los comentarios de los demas supongo que si, te diria como consejo algo que te ha dicho otro chico antes "Kraric", poner mucho enfasis en los detalles ayuda bastante, aparte de prolongar mas la historia, te da mas juego y gusta mas al lector, busca siempre asemejarte al maximo a una narrativa propia de un buen libro(nose cual te gustara), pero escoge elk mas t guste y busca acercarte al maximo a la forma de narrar, eso ayuda mucho.

Y nada reiterar que tienes un blog bastante interesante.

Saludos!